Todo Marcha de Maravilla #002: La economía moral de los estantes vacíos
Don Siempreviva entró a la tiendita de la esquina con paso firme y una sonrisa de oreja a oreja...
Don Siempreviva entró a la tiendita de la esquina con paso firme y una sonrisa de oreja a oreja. Como cada mañana, llevaba su viejo maletín de lona y la convicción intacta de que el país avanza hacia una época dorada.
Al llegar al mostrador, miró los estantes prácticamente desiertos y el nuevo letrero de precios con aumentos del cuarenta por ciento en la canasta básica. Don Lucho, el tendero, suspiró con la calculadora en la mano.
— Don Siempreviva, mire nada más. Ya no se puede comprar ni un kilo de frijol. Con lo que antes llenaba el carrito, hoy apenas me alcanza para este cartón de huevos —se lamentó el comerciante.
Don Siempreviva soltó una carcajada comprensiva, le dio una palmada amistosa en el hombro al tendero y ajustó sus lentes con orgullo.
— ¡Ay, Don Lucho, es que usted no quiere ver el panorama completo! ¡Hay que entender el contexto! —respondió con tono didáctico—. Estos no son incrementos de precios; son ajustes soberanos en la estructura de valor del mercado popular.
— ¿Soberanos? ¡Si la leche cuesta el doble que el mes pasado! —protestó Don Lucho.
— ¡Por algo se hacen las cosas! El gobierno nos está enseñando a comer con más conciencia y austeridad republicana —argumentó Don Siempreviva, inflando el pecho—. Menos calorías, más dignidad. ¿Acaso no vio la mañanera? El titular de economía explicó clarito que la inflación ya no existe, es una percepción psicológica fomentada por los conservadores que no soportan que gobiernen los buenos.
— Pero Don Siempreviva, ¡la gente tiene hambre! —insistió el vecino que esperaba formando fila detrás de él.
— ¡Ah, claro! La culpa es de los intermediarios especuladores y de los de antes —respondió Don Siempreviva señalando con el dedo índice hacia la calle—. ¡No quieren que el país avance! Todo es parte de la transformación profunda. Si el pollo está carísimo, es porque ahora es un pollo libre de privilegios neoliberales. ¡Todo marcha de maravilla!
Don Siempreviva pagó el único artículo que pudo comprar con lo que le quedaba en los bolsillos, se despidió con un saludo militar y salió canturreando hacia su casa, feliz de saber que su pobreza era, en realidad, un triunfo histórico.