CONOCE CAMPECHE EN CHITOTV

Diversas intervenciones durante Ceremonia del 101 Aniversario de la Promulgación de la Constitución Política

  • Presentamos a continuación, las participaciones de los altos funcionarios en la ceremonia oficial realizada con motivo del 101 aniversario de la carta magna

-GOBERNADOR FRANCISCO DOMÍNGUEZ SERVIÉN: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Senador Ernesto Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva de la 63 Legislatura del Senado de la República; Diputado Federal Edgar Romo García, Presidente de la Mesa Directiva de la 63 Legislatura de la Cámara de Diputados; Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Doctor Jesús Alfonso Navarrete Prida, Secretario de Gobernación; General Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional; Almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, Secretario de Marina.

Licenciado Arturo Núñez Jiménez, Gobernador del Estado de Tabasco y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores; Gobernadores de los estados de la República; a mi esposa Karina, a mi hijo Francisco, a mi madre la señora María Elena Servién de Chavarría.

Al Diputado Luis Antonio Zapata Guerrero, Presidente de la Mesa Directiva de la 58 Legislatura del estado; Magistrada Consuelo Rosillo Garfias, Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia del estado;

Senadoras y Senadores, Diputadas y Diputados Federales; Magistradas y Magistrados Federales; Gabinete legal y ampliado del Gobierno Federal.

Diputadas y Diputados; Magistradas y Magistrados de Querétaro; Presidentas y Presidentes Municipales de Querétaro; Presidentas y Presidentes de las diferentes fuerzas políticas; integrantes de Cámaras; colegios; asociaciones; directores de medios de comunicación e; instituciones educativas.

Amigas y amigos:

La valía de las fechas simbólicas de una Nación reside en una oportunidad: la de hacernos, no sólo recordar, sino también reflexionar. Este año celebramos el inicio de un nuevo siglo de vigencia constitucional, esto, nos convoca a abrir un espacio de profunda reflexión.

La Constitución fue el esfuerzo de los mexicanos para encontrar la paz, para reencontrarse y hermanarse, por apelar al mandato de la ley para invalidar la dictadura de las armas, para cambiar el gobierno de las balas por el de los votos, para sustituir la razón de la fuerza por la fuerza de la razón.

Aquellos mexicanos nos mostraron que es posible trascender las pasiones más encendidas, los enconos más profundos, la diferencia que puede conducir, incluso, hasta la muerte.

La Constitución es resultado de un gran ejercicio de la política, prueba de la generosidad, la altura y el diálogo y la apertura son los únicos caminos para gobernarnos y convivir.

Su promulgación constituye el inicio del fin de la guerra, es el embrión de una vida institucional pacífica y de concordia que sobrevive hasta el día de hoy.

Frecuentemente lo olvidamos, pero la Constitución le brinda México estabilidad, el rumbo y el marco legal para reconstruirse y unir a los mexicanos; un camino que muchas naciones en este continente no tuvieron.

La alta política que nos enseña la historia es la que es capaz de aproximar lo distante, de suavizar los radicalismos más extremos, de reconciliar aquello que no entendimos, inclusive, rechazamos.

No debemos olvidar que la democracia es confrontación de ideas, esa es su naturaleza. La capacidad disentir se convierte en derecho.

Por eso, los procesos electorales suelen ser intensos y acalorados, esa es su utilidad.

El debate y la discusión de ideas moldean siempre un mejor país.

Por ello, la época turbulenta que desembocó en Revolución y luego en Constitución, tuvo un origen en una demanda política. Comenzó con una aspiración democrática: sufragio efectivo, no reelección.

Pero, la democracia por ser un derecho conlleva, también, obligaciones: la del respeto, el honor y la lealtad.

Respeto a la ley. Conducirnos con base a las normas y dentro de las instituciones.

Honor al compromiso que tenemos como líderes políticos de no dividir, confrontar ni romper la concordia de la sociedad mexicana.

Y lealtad para con las instituciones, las reglas del juego y la admisión de los resultados.

La democracia es siempre, a la vez, incógnita y certidumbre. La incógnita del resultado que depende de la sociedad, en donde cada mexicano tiene la misma voz y el mismo derecho a elegir que cualquier otro.

Pero, la democracia ofrece también certidumbre. Los relevos de gobierno se dan bajo los plazos y las modalidades que establece la ley.

En este año, en esta fecha, en este recinto, hagamos un compromiso y un llamado.

Compromiso como Poderes Constitucionales para anteponer siempre los intereses de México y de la sociedad a las legítimas ambiciones electorales; a conducirnos con responsabilidad e imparcialidad.

Y hagamos un llamado a los actores políticos para convocar a la altura, al respeto, a la civilidad; a no dividir a México; a privilegiar la propuesta sobre la ofensa; a acatar los resultados.

Señoras y señores:

La estabilidad del país, la prosperidad de los hogares, la renovación ordenada de los Poderes, la unión que brinda la soberanía, son los valores supremos de la República.

México es más grande y generoso.

México es un ejemplo de que la democracia sirve para generar concordia.
México es una Nación que se ha construido mucho a lo largo de los últimos años.

No lo pongamos en riesgo.

Veamos con oportunidad el futuro; veamos nuestras fortalezas, no nuestros defectos y; veamos todo aquello que nos une y no las opiniones que nos separan.

Seamos más y mejores mexicanos, la Nación nos lo demanda.

Muchas gracias.

-MODERADOR: A continuación, el doctor Jesús Alfonso Navarrete Prida, Secretario de Gobernación, hará uso de la palabra.

-SECRETARIO JESUS ALFONSO NAVARRETE PRIDA: Muy buenas tardes tengan todas y todos ustedes.

Señor Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto.

Señores titulares de los Poderes de la Unión, Congreso de la Unión y Suprema Corte de Justicia de la Nación; señores presidentes de organismos constitucionales autónomos que nos acompañan; señores Gobernadores que unen todos al Pacto Federal; señor Presidente Municipal; compañeros de Gabinete.

Señoras y señores:

Hace un año iniciábamos aquí, en este histórico recinto, el Teatro de la República, en esta emblemática Ciudad de Santiago de Querétaro, los festejos por el Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el documento fundamental y fundacional del moderno Estado mexicano que amalgamó de manera magistral los derechos individuales de liberalismo con los sociales propuestos por las salas más avanzadas de los Constituyentes.

Mentes brillantes sin duda, mexicanos conocedores de su circunstancia y visionarios del futuro que querían para el país, discutieron con inteligencia, con sensibilidad, cada artículo de la iniciativa de reformas propuestas a la Constitución de 1857 y concluyeron que el México del Siglo XX y las centurias por venir requerían, no sólo reformas a la Carta Magna, sino un nuevo documento jurídico básico que incorporara a los más amplios conceptos de garantías sociales que, en perfecto balance con las garantías individuales, dieran un nuevo rostro al Estado y a la Nación.

Esa visión no habría sido posible si los cambios políticos, económicos y particularmente sociales demandados por amplios sectores de la población no se hubieran traducido en un movimiento armado liderado, en principio, por intelectuales que exigían mayor participación política, y después por los auténticos pensadores y líderes populares que reclamaban la reivindicación de sus derechos de propiedad, la mejora de las condiciones y la garantía de educación a todos los niños, entre las más significativas de sus demandas.

El estallido originado en el Norte del país prendió en el Centro y el Sur con fuerza incontenible.

La etapa del poder de un reducido grupo de intelectuales conservadores, que había gobernado durante más de 30 años llegó a su fin, y la democracia incipiente, tímida, pero deseada, se fue abriendo espacio a lo largo de los años en forma paulatina, pero firme.

El constitucionalismo social surgió con vigor.

La gran aportación de los hacedores de la primera revolución de este corte en el mundo durante el Siglo XX, aún 100 años después sorprende a propios y extraños en su forma de gestación, en su nítida redacción, en la concreción de gran parte del ideario político, concebido a lo largo de penosos años de libertad coartada y de derechos muy poco respetados.

Cientos de miles de hombres y mujeres participaron en el proceso revolucionario desde muy distintas trincheras, lo mismo en el sangriento campo de batalla que en el fértil de las ideas y de los consensos.

Grandes avances se produjeron en los más diversos ámbitos de la vida nacional, después de años de violencia y de lucha por el poder; trascendentales instituciones surgieron del mismo modo, como el Ejército, conformado por hombres del pueblo, que servía y sigue sirviendo de forma destacada a ese pueblo; soldados que no dudan en exponer su integridad y su vida por el bien de México, por garantizar la seguridad exterior del país y que a lo largo de los últimos años han desarrollado un relevante rol en el restablecimiento de las condiciones de paz pública de la que gozamos millones de mexicanos y queremos gozar todos y, cuya acción, disciplinada ha permitido atender serios problemas de seguridad en diversas regiones de nuestro México.

Cuando se habla de conmemorar a nuestra Constitución, se hace necesario hacer un agradecido reconocimiento a las Fuerzas Armadas Mexicanas, Ejército, Marina y Fuerza Aérea Armada de México.

El proyecto de Nación legado por el Constituyente de 1917, nuestro modelo de Constitución Política permite adecuarla a los tiempos, porque una Constitución no puede permanecer intocada a lo largo de los años, salvo aquellas en cuyo modelo sólo preceptúan principios generales, pero son omisas en términos de la determinación de derechos individuales y sociales del reconocimiento de los Derechos Humanos y de su protección de la forma de Estado y de Gobierno, de la relación del poder con los grupos organizados y las que sostiene el Estado con el conjunto de naciones independientes.

La nuestra, determina con claridad la democracia que queremos los mexicanos, la que tanta sangre costó y, si bien, aún imperfecta e inacabada es hasta el día de hoy, la mejor forma de gobierno que nos hemos dado.

De hecho, nuestra Constitución que hoy homenajeamos, es la única en América Latina que en más de 100 años siempre ha estado vigente, en todos nuestros países hermanos del Sur no ha sido así, eso tiene un valor incalculable.

Si alguna duda existiese sobre esta aseveración, bastaría con rememorar nuestra historia de más de 200 años de vida independiente, en los cuales, la caída de dos imperios, dos dolorosas invasiones extranjeras, los golpes de Estado, las asonadas, la debilidad de las instituciones, la ilegal o ilegítima permanencia en la titularidad del Poder Ejecutivo, el desequilibrio entre avances económicos y sociales, siempre uno privilegiado sobre el otro, las armas antes que el diálogo, la rebelión por encima del consenso. Eso impidió al país y que su gente alcanzara el estadío de desarrollo y bienestar social que debe imperar en una Nación rica en su diversidad como es la nuestra.

Poco pudimos aprovechar en el Siglo XIX el más convulso de la historia de la Nación, nuestra privilegiada posición geográfica, nuestra riqueza nacional constituida por recursos naturales envidiables, nuestra riqueza cultural y el talento de nuestros mejores hombres y mujeres de la época.

Las ambiciones personales de muchos de los nuestros y de algunos países extranjeros que nos veían débiles al interior, hicieron que los mejores anhelos de Hidalgo, Morelos o Juárez, sólo por mencionar, sólo algunas de las figuras más señeras de esa centuria, se combatiera o se postergaran.

Sin embargo, en nuestra Constitución del 17, hoy vivamente renovada, su legado sigue vivo y vigente.

La Independencia, la Reforma y la Revolución del siglo pasado, constituyen los tres grandes hitos en nuestro devenir histórico.

Las grandes discusiones y decisiones de los intelectuales y hombres del poder de todas las épocas, quedaron plasmadas en nuestra Carta Magna, en el diseño del Estado y Gobierno que queríamos hace 101 años, y que reafirmamos ahora: República, Federación, democracia, Estado laico, el estado social de derecho y de derechos, siempre en revisión y en construcción hacia el que debemos dirigir nuestros cotidianos esfuerzos para arribar a él.

La Constitución es el marco de actuación en el que nos movemos todos: poder y población, servidores públicos y particulares, partiendo de una fórmula sencilla y muy clara que necesariamente debemos de seguir:

Todo servidor público sólo debe hacer lo que la ley le ordena, mientras que los particulares podrán hacer todo lo que no les está prohibido por la propia ley. En este equilibrio, el que nuestra Carta Magna nos hace conservar es en el que nos desarrollamos todos.

Hoy reflexionar sobre nuestra historia constitucional permite aquilatar un camino nada sencillo.

Hemos transitado de un país históricamente de caudillos, de fuerte centralismo en el poder unipersonal, a uno cada vez más abierto y democrático, en el que las facultades metaconstitucionales no existen más, en el que el poder se equilibra, se comparte como debe ser, el poder público con tres rostros diferentes, que aquí hoy somos uno sólo.

Las grandes instituciones creadas durante el Siglo XIX han evolucionado, respondiendo a los nuevos retos que plantea una sociedad global dinámica, que se transforma ante nuestros ojos y todo en tiempo real.

Los cambios democráticos han hecho posible la existencia de otras instituciones, las llamadas de nueva generación, para manejarnos en el lenguaje moderno, como los organismos autónomos, o más aún, los organismos constitucionales autónomos, que tienen relevante peso en nuestro sistema político, porque han venido de manera novedosa a mejorar los equilibrios, a dar impulso a la defensa de los derechos humanos, a brindar confianza a los ciudadanos sobre la calidad de la democracia, a garantizar la competencia económica, a socializar el uso adecuado de los recursos naturales, a acotar facultades de las autoridades en beneficio de los mexicanos.

México no puede quedar al margen de esas transformaciones. Negarlas o ignorarlas tendría efectos muy negativos, estaríamos condenando a las actuales y próximas generaciones al estancamiento y a la pobreza, y eso es histórica, política y éticamente inaceptable e inadmisible.

Por ello, hoy también celebramos las reformas constitucionales que a lo largo de este sexenio se han dado; reformas surgidas, en su gran mayoría, por el consenso de muchos de los aquí presentes, que han permitido hacer del país un espacio cada vez más atractivo para la inversión nacional y extranjera, lo que implica la llegada de nuevas tecnologías, la mejora del talento humano, más y mejores empleos, todo ello en beneficio de las familias.

Si queremos ver a nuestro país desarrollado en lo económico y en lo social debemos preparar a nuestros niños y jóvenes, hoy como nunca, y debemos aprovechar el bono demográfico que, a diferencia de la gran mayoría de países europeos, tiene México.

Educar y capacitar a quienes habrán de crear los empleos del futuro, a quienes podrán generar su propio empleo o desempeñarse en uno de calidad, tener la esperanza real de forjar su propia historia y esperamos que sea de éxito.

No podemos concebir un Estado moderno al margen de la incorporación de los avances científicos y tecnológicos, al margen de la participación de los particulares en la explotación racional de los recursos naturales, pero con beneficio social.

Reformas estructurales reflejadas en la Constitución Política que en este sexenio ha impulsado el Presidente Enrique Peña Nieto y han creado el andamiaje jurídico necesario para transitar en este siglo hacia un Estado más democrático, justo, incluyente y productivo. A ver con claridad el futuro.

En éste, nuestro país de contrastes y de claroscuros, de progreso sorprendente en las ciudades y doloroso retraso en algunas comunidades del campo, los últimos seis años han cimentado bases sólidas para alcanzar un desarrollo sostenido que beneficie a todos.

El Estado mexicano tiene, sin duda, las capacidades institucionales para hacer frente a los grandes retos que nos plantea una sociedad heterogénea y desigual.

Es factor de cambio y de equilibrio en mejorar las condiciones de vida de los menos favorecidos que hemos empeñado desde el primer día en que el Presidente de la República asumió su alta responsabilidad.
Los mexicanos pueden tener la certeza en que, desde el Poder Ejecutivo, las instituciones día a día trabajan en mantener la paz pública, en reforzar las condiciones de gobernabilidad, en restablecer la seguridad en aquellas regiones en las que se ha afectado para que todos los días podamos vivir con tranquilidad.

Este año estará señalado como el de los grandes procesos electorales. Más de 18 mil cargos de elección popular van a dirimir ante las urnas su destino. Ahí están citados los ciudadanos mexicanos a expresar su libre voluntad de elegir la oferta política que mejor satisfaga sus expectativas. No es algo menor. Es el futuro del país.

Ahí está el reto de aceptar en definitiva la vida institucional en la pluralidad. El reto de reglamentar, en beneficio de todos los Gobiernos de coalición como una respuesta de la fortaleza de nuestro sistema democrático.

La voluntad de los actores políticos es fundamental en este esfuerzo de armonía y civilidad, que debemos todos desplegar por nuestro país, por nuestros compatriotas.

Si todos nos sumamos por el bien de México y de los mexicanos, si comprometemos nuestra disposición al desarrollo de un proceso electoral limpio, en el que se respete la voluntad popular, en el que los protagonistas sean los ciudadanos y no las denostaciones, las descalificaciones o el fácil insulto, habremos de transitar a un nuevo periodo en la historia del país, que deberá ser forzosamente más pródigo, por la semilla que se ha sembrado.

Este año concluye el periodo de Gobierno de un hombre comprometido con su tiempo y con su entorno, con su país y con sus habitantes; un hombre que dio y dará hasta el último momento de su ejercicio de Gobierno lo mejor de él para llevar al país hacia más elevados estadios de desarrollo; un hombre que ama a México con pasión y con convicción.

Ese es, sin duda, el mayor homenaje que se puede hacer a nuestros mayores, a los gigantes que aquí sentados plasmaron en su sabiduría ganar la paz y hacer historia con la Constitución Política de 1917.

Presidente de México.

Y titulares de los Poderes de la Unión:

Habrá mexicanos que podrán no estar de acuerdo en algunas de sus decisiones, que con valentía y frente a la historia en esta Administración se asumieron; muchas de ellas difíciles, pero necesarias; con sus estrategias ciertamente podrán estar en desacuerdo, porque existen, sin duda, diversos caminos para alcanzar un resultado con acciones.

Pero lo que no podemos con honestidad es escatimarle el reconocimiento a la una visión de Estado del Presidente de la República que con sus reformas estructurales puso al país en el rumbo del desarrollo sostenido y a la Constitución como base fundamental de su actuación.

Si algo debemos aprender de nuestros Constituyentes es que la confianza no se entrega sin condiciones; ni se gana sin decisiones.

Si las condiciones que pone la sociedad son rectitud, seriedad y prudencia, la decisión será actuar así y hacerlo con el conocimiento y convicción y ante la opinión de todos.

Desde este recinto, donde se hace Patria, le decimos a nuestra Constitución del 17 que se ha sabido hacer honor cabalmente a sus principios, a su legado. Y que en este 2018, honramos su visión de futuro en paz y democracia.

Que viva y que viva siempre este día en el corazón y en el alma de todos.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Enseguida, hace uso de la palabra el Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MINISTRO LUIS MARÍA AGUILAR MORALES: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señores presidentes de las Mesas Directivas del Senado de la República, de la Cámara de Diputados.

Señor Gobernador don Arturo Núñez, Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores; señor Gobernador del Estado de Querétaro; señor Secretario de Gobernación; señor Secretario de Relaciones Exteriores; señor Secretario de la Defensa Nacional; señor Secretario de Marina.

Señor Secretario de Hacienda y Crédito Público; don Alberto Elías Beltrán, en suplencia del Procurador General de la República; señor Secretario de Educación Pública, don Otto Granados Roldán.

Señora Gobernadora, señores Gobernadores; señoras Senadoras y Senadores; señores Secretarios de Estado; señor Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Hace un año, a propósito del primer Centenario de la Constitución, afirmé que nuestra ley fundamental nos brinda herramientas para asegurar que la sociedad reconozca su valor sustancial y su eficacia como instrumento vivo y dinámico, a través del cual cada persona realice su proyecto de vida, porque es un documento útil para vivir.

Así, la Constitución, como afirmó un respetado jurista español, es el modo de ordenación de la vida social en que la titularidad de la soberanía corresponde a las generaciones vivas, en el que, por consiguiente, las relaciones entre gobernantes y gobernados están reguladas, de tal modo, que estos disponen de unos ámbitos reales de libertad que les permiten el control de los titulares ocasionales del poder.

No hay otra Constitución, que la Constitución democrática, como ley de leyes, como imperativo categórico, es buena en sí misma; y, por lo mismo, objetivamente necesaria.

La Constitución está integrada por las decisiones Fundamentales que dan forma y contenido a los fines del proyecto nacional. La Constitución es nuestro punto fundamental de encuentro. Es la única norma común a todas las personas que viven en una sociedad. Se trata de un patrimonio cultural que concierne a todos a quienes viven bajo su imperio.

La Constitución es la Norma Suprema, la Ley Fundamental del Estado, en la que debe estar sustentado todo acto de autoridad. Todo el entramado institucional y toda interacción con nuestros semejantes, partiendo de la universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad de los derechos humanos.

La Constitución no es sólo una norma jurídica, pues por máxima que sea su jerarquía, no es nada si no sirve de instrumento efectivo para la convivencia social y el Estado de Derecho. Es producto del diálogo de todos los mexicanos. Es, en suma, la Constitución, el parámetro fundamental de control en el ejercicio del poder sobre el que descansa la seguridad jurídica de todas las personas y la única posibilidad de estructurar una sociedad democrática con seguridad jurídica y con respeto a los derechos de todos. Y todos, absolutamente todos, tenemos la obligación de cumplirla, en la medida de nuestras atribuciones hacerla cumplir.

Por ello, el Artículo 128 Constitucional, que es, por cierto, uno de los pocos preceptos constitucionales que no ha tenido reforma alguna desde el 17, dispone que todo funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo protestará guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen.

Y no sólo ahí. A los juzgadores, en el caso del Poder Judicial de la Federación, el Artículo 97 nos impone también la obligación de hacer guardar la Constitución, mirando en todo por el bien y la prosperidad de la Unión.

En sus orígenes, como es sabido, la Constitución no estuvo exenta de enemigos y detractores. Don Hilario Medina, Constituyente y luego Presidente de la Suprema Corte, comentaba acerca de las primeras reacciones suscitadas por la flamante Constitución Mexicana.

Al expedirse la Constitución de 1917, decía don Hilario, no había otro documento de esa especie en el mundo, causó sorpresa y aún imitación. Por ejemplo, en la Revista Mexicana, en su ejemplar de febrero, se publicó un artículo intitulado: El primer aniversario del almodrote de Querétaro.

Pero hoy, a 101 años de su promulgación, no tengo la menor duda en afirmar que el único y principal enemigo de la Constitución es su incumplimiento. Se ha afirmado que el país nada en ríos de ilegalidad. No es sólo que las autoridades no hagan cumplir las leyes, es que los ciudadanos tampoco están dispuestos a acatarlas o, como dice el escritor Aguilar Camín, la falta de respeto a la ley está incrustada en el corazón de las creencias.

Por tanto, alarmante el resultado arrojado por la Tercera Encuesta de Cultura Constitucional, en el sentido de que un buen número de personas encuestadas considera que la Constitución se cumple poco o nada.

Todos, sin excepción, tenemos, por tanto, que velar por el cumplimiento irrestricto de la Constitución. Tengamos presente que una de las misiones fundamentales que tiene el Estado es garantizar la seguridad jurídica.

Y si así lo hacemos, tanto autoridades como ciudadanos, la cosecha de esa labor será invaluable. Y lo será porque la seguridad jurídica nos dará certeza a todos y permitirá la convivencia, y aún más, la paz.

He afirmado que no es sólo un compromiso de la autoridad hacer bien las cosas, conforme a la Constitución, también los ciudadanos debemos estar conscientes de que cumplir con la ley, con nuestros deberes, favorece la paz social.

Exijamos, sí, a la autoridad, el cumplimiento de la ley, pero también seamos nosotros, como ciudadanos, conscientes de cumplir con nuestras obligaciones. Sin seguridad jurídica, sin la actuación de todos dentro de la ley, no puede haber valores básicos que respetar. No sería posible que la justicia exista, si no hay seguridad jurídica que la proteja.

Y para que el derecho sea una realidad, se necesita contar con la seguridad que permita aplicarla. Por eso, la ley, por su naturaleza, puede ser exigida coactivamente, sancionando al que no cumple con la ley. Por tanto, si aspiramos a preservar y consolidar el Estado de Derecho, debemos partir del fortalecimiento de la cultura del cumplimiento de nuestra Ley Fundamental y proseguir con nuestra labor como impartidores de justicia, en aras de una mejor y más protectora forma de interpretar la Constitución.

Ante una violación constitucional, no caben compromisos. Por ello, tengamos presente que todos somos servidores y guardianes de la Ley Suprema, para poder ser libres, para poder vivir en paz, para poder vivir en un verdaderamente Estado Constitucional de Derecho. Debemos cumplir la ley comenzando por guardar y hacer guardar la Constitución.

Lo dije el año pasado, y lo hoy lo reafirmo: vivimos en una sociedad plural y democrática, marcada por la presencia de organizaciones con objetivos, ideologías y proyectos diferentes, empero, a todos nos debe unir el conjunto de principios y valores constitucionales rectores, de esos que las circunstancias nos exigen; hoy, más que nunca, no dejar de cuidar y preservar.

Las reglas, las normas que rigen todo nuestro actuar, derivan de la Constitución. Faltarle al respeto a cualquier ley o norma jurídica, por no obedecerla, es faltar también a la Constitución misma, es provocar el desorden, es mentira la sociedad, es permitir que se haga uso del poder legal o de facto, y es creer que en la corrupción o en el engaño se puede tener paz.

Por ello, no es posible pensar que vamos a triunfar sobre la injusticia y la corrupción si no se tiene claro que el respeto a la ley es el respeto a nosotros mismos. Nos burlamos de las leyes que hacemos nosotros a través de nuestros representantes.

Los procesos de consolidación de la democracia, en sí mismos, no prometen nada a nadie, pero exigen mucho a todos.

Cumplamos con la Constitución para tutelar los derechos humanos, para consolidar la democracia, entendida también como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

Cumplámosla para vivir en paz, para combatir la corrupción.

Cumplámosla para erradicar la violencia en contra de la mujer, para garantizar el interés superior de la niñez y para erradicar la pobreza.

Cumplámosla para defender la soberanía nacional, para proteger al inocente y que el culpable no quede impune.

Cumplámosla para que todo el entramado institucional del Estado esté al servicio de la gente, para vivir sin discriminación.

Cumplámosla, en fin, para que nos elijamos a nosotros mismos como ciudadanos en autoridades fundadas en la Constitución, simplemente para que vivamos en un país donde impere la confianza, que no tengo duda, por cierto, que está en manos de un Tribunal Electoral independiente, que sabrá cumplir con sus obligaciones.

En suma. Cumplamos y hagamos cumplir la Constitución para que todo aquel que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche y lo defienda contra lo arbitrario.
Qué viva la Constitución y qué viva México.

-MODERADOR: Hará uso de la palabra el Senador Ernesto Javier Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.

-SEN. ERNESTO CORDERO ARROYO: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Diputado Édgar Romo García, Presidente de la Cámara de Diputados; doctor Francisco Domínguez Servién, Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro; licenciado Arturo Núñez, Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Representantes de las Fuerzas Armadas; titulares de órganos constitucionales autónomos; integrantes del Gabinete Legal y Ampliado; Diputadas y Diputados Federales y locales; queridas Senadoras y Senadores en funciones y con licencia.

Autoridades estatales y municipales del Estado de Querétaro; señoras y señores:

Siempre es un honor encontrarnos en este recinto histórico, celebrando un aniversario más de nuestra Constitución, y con ello, hacer un homenaje a los Constituyentes de 1917.

Todos ellos fueron hombres que, después de participar en una larga lucha, desde las trincheras militares e intelectuales, decidieron sentar las bases para una profunda transformación social, económica y política en nuestro país.

El espíritu de las luchas obreras, agraristas y políticas encontró eco en los Constituyentes, quienes decidieron ir más allá del proyecto presentado por don Venustiano Carranza, que tan sólo reformaba la Constitución de 1857, construida con base en las posiciones de los liberales del Siglo XIX.

Gracias a hombres como Heriberto Jara, Fernando Lizardi, Luis Monzón y el Presidente José Natividad Rojas, así como a la oratoria, liderazgo y tenacidad de Francisco J. Múgica en la Carta Magna de Querétaro, se integraron aspectos históricamente reconocidos, como los artículos 3º en Materia de Educación, y el 27 con un espíritu agrarista, los artículos 5º y 123 con los derechos laborales, así como la libertad de prensa y el derecho de asociación.

Con estas disposiciones, nuestra Carta Magna fue pionera de las constitucionales sociales en el mundo. La vida de la gente dejaba de ser sólo materia de la legislación secundaria, y pasaba a formar parte de la Constitución el espíritu jurídico-político del Estado mexicano.
Lo anterior fue tomado como base, como ejemplo. Años más tarde para constituciones como la de (inaudible), y es, incluso, considerada símbolo de identidad del constitucionalismo latinoamericano.

El contexto en que por 62 días deliberaron los más de 200 constituyentes ha cambiado considerablemente, al día de hoy.

En aquellos tiempos, a pesar de la creciente normalización de la situación política, aún se daban estallidos sociales y políticos que atentaban contra la estabilidad de las instituciones. En cuestión económica estábamos recesión, se vivía una inflación desbocada, el poder de compra se había desplomado y el hambre en la ciudad era cosa común, así como las plagas y las epidemias.

Hoy día, en cambio, la población del país reside principalmente en zonas urbanas, existe un importante desarrollo industrial, el rezago educativo se ha reducido, vivimos en una revolución tecnológica profunda, la cobertura de servicios de salud es casi universal, la inflación se ha mantenido bajo control, hemos vivido con crecimiento económico en los últimos años y, sobre todo, se han logrado establecer instituciones para dar cauce a la vida nacional.

Hoy México es una democracia moderna y una de las economías emergentes más potentes del mundo, el avance de México es notable. No podemos negar que en buena medida este cambio ha sido gracias a las convicciones e ideales de los Constituyentes del 17.

Nuestra Carta Magna encontró su legitimidad en la lucha revolucionaria, reconociendo que las causas en ella, enarboladas con el sentimiento mismo de una nación en evolución.

De acuerdo a Jorge Carpizo, la identidad de nuestra Constitución y, por ello, del Estado mexicano, se siente en siete principios, que son: el respeto a las garantías individuales, la convicción de que la soberanía nacional resida en el pueblo, la división de Poderes, el sistema republicano, el régimen federal, los sistemas de justicia constitucional y la supremacía del Estado sobre la Iglesia.

Estos, a más de un siglo de vigencia, se mantienen vivos, dando consistencia a nuestro orden constitucional a pesar de las continuas modificaciones que el Texto Constitucional ha vivido.

Para Carranza, el proyecto de formas que dieron paso a la Constitución del 17 fueron, lo cito: indispensables para cimentar sobre las bases sólidas las instituciones, al amparo de las que deba y pueda la nación laborar últimamente por su prosperidad, encauzando su marcha hacia el progreso por la senda de la libertad y el derecho. Termino la cita.

De esta manera, nuestra Constitución debe ser una plataforma para realizar las condiciones de posibilidad de la vida en común, en que todas las voces encuentren un espacio y no un proyecto que excluya.

La Carta Magna plantea propuestas de solución y coexistencias posibles, un punto de encuentro para todos.

El proceso de reforma ha garantizado, a través del diálogo y la construcción de acuerdos amplios, la introducción de cambios significativos, como la Reforma Energética del 2013, la reforma en materia de derechos humanos del 2011, las diversas reformas político-electorales que han fortalecido la pluralidad política o el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres en 1953.

Todos los cambios que ha vivido nuestra Constitución han sido acordes a su identidad y han dado las herramientas para adecuarse a los retos que impone el mundo en el que vivimos.

A 101 años de vida, se ha mantenido intacto su principio más sagrado: que la soberanía nacional reside en el pueblo mexicano y, por lo tanto, es éste, a través de sus instituciones, el único capaz de ajustar el texto a lo que ocurre en la realidad.

Asimismo, es la sociedad mexicana quien ha decidido construir mecanismos más eficaces para controlar el poder de forma más efectiva; ejemplo de ello son los órganos constitucionales autónomos, que en su mayoría han demostrado un papel fundamental en el desarrollo de nuestra Nación.

Señoras y señores:

Existen grandes retos para la vida de nuestra Constitución. Uno de ellos es encontrar la manera en que sea conocida y ejercida por todas y todos, que haga realidad las palabras que la integran y logre vencer las problemáticas que aquejan a nuestra sociedad.

Otro, es que nuestro marco constitucional cumpla con los principios justicia social, respeto a los derechos humanos y democracia con que fue construida, atendiendo a los problemas de desigualdad de nuestro país y nuestro mundo, pero también que sirva para hacer realidad los derechos que en ella están contenidos.

La profunda transformación de nuestro país en los últimos 35 años se sustentó en los cambios constitucionales correspondientes. Construimos una economía potente, que ha sido capaz de mejorar las condiciones de vida de las familias mexicanas y, al mismo tiempo, dimos paso a un sistema electoral competitivo.

Así como los Constituyentes de 1917 cumplieron con su deber y estuvieron a la altura del reto, a nuestra generación le toca actuar con responsabilidad.

No demos por sentado que todo lo que se ha ganado llegó para quedarse. Décadas de avance se pueden perder en tan sólo unos meses de irresponsabilidad. El reto en nuestra generación está en evitar regresos románticos a un pasado que nunca más volverá.

El reto de nuestra generación está en evitar el aplauso fácil y soluciones exóticas a los problemas que exigen solución. El reto de nuestra generación está en entender que no hay soluciones mágicas, que sólo el trabajo duro, honesto y profesional pueden sacar adelante a México.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Continuando con el programa, hará uso de la palabra el Diputado Édgar Romo García, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.

-DIP. EDGAR ROMO GARCÍA: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Senador Ernesto Javier Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Gobernador del Estado de Querétaro, Francisco Domínguez Servién.

Licenciado Arturo Núñez Jiménez, Gobernador del Estado de Tabasco y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Señores Secretarios del Poder Ejecutivo Federal.

Señores Gobernadores.

Legisladoras y Legisladores.

Señoras y señores representantes de los organismos autónomos.

Señoras y señores:

Es para mí una gran emoción compartir con ustedes en esta fecha la esencia histórica que nos impone este majestuoso y valioso recinto de nuestra Nación.

Estamos aquí para honrar a quienes hicieron de sus vidas y legados un proyecto documental que se convirtió en lo que yo llamaría no el acta de nacimiento, sino el acta de vida de nuestro país.

Nuestra Constitución es el acta de vida de México, porque en ella acumula, en su texto y en su vigencia, la historia de nuestra condición política e institucional y, más aún, porque plasma las barreras superadas y los derechos alcanzados durante las distintas etapas de la madurez y evolución social de nuestro país.

Conmemorar la Promulgación de la Constitución Mexicana en su Aniversario 101 nos obliga a reconocer que esa solemne resolución política y jurídica no fue meramente un inicio, sino que fue consecuencia y conclusión a muchos años de inestabilidad estadual, años de luchas, de enfrentamientos armados e ideológicos y, también, de importantes aportaciones normativas valiosas, que durante el inicio del México independiente buscaron garantizar la plena libertad y seguridad de todos los mexicanos.

En aquel tiempo se perseguían aspiraciones para ordenar institucionalmente un régimen político republicano, democrático y representativo, por lograr la igualdad de todos ante la ley y erigir una sociedad civil con libertad de conciencia y de manifestación de las ideas.

Sin embargo, estos principios estructurales no surgieron en 1917, atrás de ellos existían los anhelos que dejaron las bases plasmadas en 1814, en Apatzingán, y, por supuesto, en las Constituciones de 1824 y 1857.

Por ello, mi insistencia en proyectar la vida de México en nuestra máxima ley, porque en su creación se motivó una legislación que representaba la experiencia y la vivencia de los primeros 100 años de nuestra historia como Nación independiente.

Los aportes innovadores de la vigente Carta Magna en la época de su promulgación, fueron aquellas pinceladas con profundo sentido social, que ordenaban una educación gratuita, que ordenaban el establecimiento claro y preciso de los derechos de los trabajadores, tanto del campo como de la ciudad; los derechos de la Nación sobre las tierras y aguas; y el origen de la propiedad privada, mediante la transmisión de dominio hecha por la propia Nación.

Entre otros, los anteriores son garantías y principios fundamentales que no sólo dieron atención a las demandas de la época, sino que fijaron la guía que servía de ruta para el avance de nuestra norma, bajo el espíritu impreso por los honorables y visionarios Constituyentes de Querétaro.

Entonces, al recoger la Constitución de 1917, la primera mitad de nuestra historia, su promulgación es un parteaguas del orden constitucional y del Estado de Derecho en nuestro país.

A lo largo de los últimos 100 años, la realidad social ha retado al texto constitucional y, sobre todo, al Constituyente para que el sentido de la norma y su vigencia se mantenga constantemente adaptado a la evolución, desarrollo y competitividad de la sociedad mexicana.

Así como en su creación asentó figuras de trascendencia histórica, con el paso de los años los aportes de modificación a nuestra Constitución han plasmado el intenso movimiento y desarrollo de nuestra Nación con igual o mayor trascendencia.

La demanda social exigió y encaminó los esfuerzos del Constituyente Permanente para concretar reformas indispensables que llevan a México a la madurez política, legal e institucional, por ejemplo, el transitar de los gobiernos militares a los civiles, la reducción de mandatos estatales, la pluralidad democrática en los órganos parlamentarios, como vía para que el debate y el diálogo se generara inclusión y encontráramos la unidad nacional.

También la lucha por la igualdad real entre el hombre y la mujer, que inició hace 70 años, con el reconocimiento al voto a la mujer y que en la actualidad continúa su consolidación en varias asignaturas, como lo es la paridad de género en la participación política y la igualdad de oportunidades laborales.

La rectoría del Estado y el sistema de planeación constitucional, el capítulo económico y la apertura comercial para acordar tratados internacionales que lograran bienestar para México y, por supuesto, el fortalecimiento del Poder Judicial de la Federación para consolidar una estructura jurisdiccional acorde a la era, dotando al árbitro con nuevos medios de control constitucional para dirimir el cumplimiento de la ley suprema entre los niveles de Gobierno y entre los poderes.

Sin duda, esta evolución constitucional contempla un numeroso listado de adecuaciones que vinieron a mejorar su sentido y que palparon esfuerzos vanguardistas para la adaptación de nuestro orden social y democrático a cada circunstancia.

En la nueva era los cambios estructurales de extremas dimensiones y que representan las transformaciones más importantes de nuestra Constitución a lo largo de su historia, también, como hace 100 años, devienen de una revolución, pero una revolución ordenada, ideológica y conceptual sobre la visión del México que aspiramos y que buscamos para los tiempos modernos; una revolución generacional, impulsada por el consenso nacional.

En el Siglo XXI nuestra Constitución ha resistido a la globalización y las nuevas formas de concebir las libertades en el mundo y la vida en sociedad.

En ello México y su ley suprema han estado a la altura de las demandas sociales.

Ayer nuestra Constitución decidía por una justicia penal burocrática, hoy determina la oralidad en el proceso judicial, persigue la justicia pronta y expedita.

Ayer hablábamos de una educación gratuita, hoy hablamos de una educación, no sólo gratuita, sino de calidad, evaluada y moderna.

Ayer hablábamos de la larga distancia en comunicación, hoy hablamos de conectividad y accesibilidad.

Ayer hablábamos de la expropiación petrolera, hoy hablamos de la explotación energética.

Ayer hablábamos de monopolios, hoy hablamos de competencia económica.

Ayer, hablábamos de opacidad en la información, hoy hablamos de transparencia, de rendición de cuentas, de fiscalización, de declaraciones patrimoniales, de un sistema anticorrupción.

Ayer hablábamos del sistema de partidos, hoy hablamos de la participación política abierta y de elecciones organizadas totalmente por ciudadanos.

Así, nuestra Constitución alberga entre sus textos la experiencia de años que no han sido en vano y han dejado su huella en nuestro orden social y democrático, que mantienen en su vigencia su vivencia; en su espíritu la convicción en sus aspiraciones el camino a seguir.

Por eso cumple 101 años, por eso debemos sentirnos orgullosos y comprometidos con promover sus valores, sus principios, sus derechos y enaltecerlos en nuestro quehacer institucional y en nuestras responsabilidades políticas.

Señor Presidente.

Señoras y señores:

Desde la Cámara de Diputados tenemos en nuestra encomienda el hacer del trabajo parlamentario legislaciones modernas que atiendan la realidad social, pero que miren hacia el futuro, como visionariamente lo hicieron los miembros del Constituyente.

Refrendamos hoy nuestro compromiso de seguir trabajando en ser esos representantes dignos que la ciudadanía demanda, capaces de promover propuestas con soluciones. Consensos, no divisiones.

En el último tramo de nuestra legislatura, somos sensibles a la exigencia ciudadana de equilibrar sus demandas con las reformas que aún se encuentran pendientes en las agendas. Escucharemos, actuaremos y daremos prioridad a ello.

A 101 años de la Promulgación del documento más importante de nuestro país, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos nos remite a reencontrarnos con nuestra historia valores y principios.

Siendo mexicanos todos, cobijamos un compromiso de unión y solidaridad, que se fortalece con lo escrito en sus páginas y que nos obliga a materializarlo con la práctica diaria de sus fundamentos.

Nuestra responsabilidad es honrar los mandatos de la Constitución, al fomentar generaciones que transformen con cultura y preparación nuestra realidad nacional y aseguren la trascendencia de nuestro país como una Nación completamente cimentada en las leyes y en las instituciones.

Descubramos en nuestra acta de vida nacional el llamado a la cohesión, la exigencia de privilegiar el interés superior de la Nación y el sitio para encontrar la unidad nacional. Unidad para avanzar, unidad para construir.

Defendamos en nuestra acta de vida nacional el camino hacia el futuro que, nutrido del pasado, refrenda su vigencia en el andar que persigue el bien y la prosperidad de la unión.

Conmemoremos un año más a nuestra Constitución, desempeñando nuestras representaciones con honorabilidad, pero con pasión por México, honrando la obra de los Constituyentes para que en el llenar de sus siguientes páginas sea recordado un legado histórico como el que nosotros recordamos el día de hoy.

Muchas gracias.

 

Noticias Nacionales

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
«
»

Networking