El masan raya

Cuenta la leyenda que hace muchos años un pescador de cierta isla no tenía dinero para víveres y decidió irse a la mar un jueves Santo para amanecer viernes Santo. Su esposa le suplicó que no fuera porque ese día era malo pescar, el no hizo caso de la súplica de su esposa y se aventuró a la mar. Al salir de su hogar dijo que si el diablo se le aparecía, al diablo clavaría con su arpón. Al llegar a la playa preparó sus velas y aprovechando el buen viento zarpó con su pequeño cayuco.

Al llegar a determinado lugar comenzó a tirar su anzuelo y como había buena luna (como es bien sabido, durante Semana Santa hay plenilunio), comenzó a otear el horizonte para ver si había algún animal por los alrededores.

Después de mucho rato viendo que no picaba ningún pez cambió de lugar con su arpón listo para clavar a cualquier pez que se le atravesara, así cambio varias veces de lugar. Como a las doce de la noche, distinguió a lo lejos que venía directo a su lancha dando tremendos saltos, un animal que no llego a reconocer, se preparó presto a luchar con su presa cuando estuviera su alcance. Se le acercó y en el momento preciso, le aventó el arponazo, el animal al sentir el fierro que se le clavaba en el lomo, pego un salto y comenzó a arrastrar la lancha con todo y pescador.

El valiente pescador, pensando que el mazan raya de unos seis metros de largo se cansaría por el esfuerzo realizado y por la herida, amarro a la proa la cuerda donde estaba amarrado el arpón y el animal en vez de parar, más velocidad daba.

El pescador se llenó de pánico al ver que lo arrastraban sin misericordia cada vez más lejos de la costa cuenta la leyenda que el mazan raya se dirigía hacia la cueva del morro donde se encontraba “La bruja Sao” y otros entes del infierno.

El pescador al ver que el animal no se detenía, decidió cortar la soga, pero ¡grande fue su sorpresa! Al ver que se había convertido en una gruesa cadena y no podía cortarla seguía siendo arrastrado. Al comprobar que la bestia que lo estaba arrastrando era cosa del infierno, se arrodillo en su lancha y comenzó a implorar la ayuda divina. Eran como las 4 de la mañana y como a una distancia de un Kilómetro de faro del morro el mazan raya partió hacia la orilla, frente al entronque del camino hacia la torres de microondas de boxol; en esos instantes quizás por la imploración del pescador un gallo canto y como por ventura divina el mazan raya se convirtió en piedra.

El pescador recogió sus cosas, quebró el palo del arpón que estaba prendido en el lomo de la bestia maligna y partió a su hogar jurando que jamás saldría de pesca en jueves Santo.

Redacción
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